La comunicación entre organismos de distintos reinos (animal, vegetal,...) es vital para la supervivencia de muchas especies: los perros de la pradera alertan a sus congéneres cuando algún depredador anda al acecho, los insectos con sus feromonas indican que están listos para aparearse, incluso las plantas, dicen algunos, tienen la capacidad de emitir hormonas que alertan sobre cambios en el ambiente a sus vecinas.
Los humanos hemos desarrollado la comunicación verbal, el lenguaje, como el medio de comunicación más frecuente, aunque no sea el único ni, seguramente, el más importante (nadie se traga, por ejemplo, un "Muchas gracias, ¡qué ilusión!" si esa ilusión no se expresa en la mirada). La primera, y tal vez primoridal, función del lenguaje, es la de servir como herramienta para formular nuestros pensamientos. Si bien una imagen puede ser, en ocasiones, muy útil, concatenar imágenes hasta elaborar pensamientos elaborados es casi imposible, ya que son demasiado abstractas. El lenguaje es la columna vertebral de la filosofía que uno elabora para su vida, es la herramienta con la que se crea y se transmite el conocimiento, y está también relacionado con la división social por clases, y con la infantilización actual de nuestra sociedad (ya que quien sólo cuenta con cien o doscientas voces en su bagaje, está condenado a pensar y a vivir como un niño).
Sin embargo, el lenguaje más productivo para el bienestar personal y para la relación que uno tiene tiene consigo mismo, es el inexistente, el silencio. Las gacelas en el Kalahari y los búhos en los Pirineos, siempre mantienen una mirada serena, aún y ser conscientes de vivir en peligro constante, de ser presa y predador. La naturaleza nos ha regalado una mente compleja y capaz de elaborar pensmientos en lenguaje complicado. Y hemos perdido esa serenidad y paz con la que, creo yo, viven la gacela o el búho. Por lo que lo mejor que podemos hacer, cuando estamos con nosotros mismos y para gozar de ese trámite y accidente de ochenta años que suele ser la vida, es mantener la mente pura, simple, carente de pensamientos y en silencio. Sólo entonces puede surgir la meditación.
dimarts, 5 de febrer del 2008
Subscriure's a:
Comentaris del missatge (Atom)
1 comentari:
Entre d'altres coses, m'agradat molt el "y con la infantilización actual de nuestra sociedad " tracatat com un fet consumat, qüestió en la que no podem estar més d'acord.
Publica un comentari a l'entrada