dimecres, 6 de febrer del 2008

¿Existe Dios?

No se conoce ninguna sociedad, actual o ya extinta, que carezca totalmente de creencias en algo divino o sobrenatural. La idea de Dios está profundamente arraigada en nuestra mente y ejerce varias funciones, entre otras: 1) explicar lo que se ignora - por ejemplo, el inicio del universo-, 2) establecer un código de conducta moral -como los diez mandamientos- y, sobretodo, 3) es una herramienta para combatir el miedo -ya que aligera la pesadumbre de una vida corta y de una muerte eterna-, y crea en nuestra mente un pilar en el que apoyarnos cuando las cosas van peor de lo que desearíamos. A algunos desaprensivos, la idea de Dios también les sirve de excusa para intentar imponernos su pensamiento reaccionario y recobrar un poder que ostentaron hasta hace bien poco, pero de esos mejor no hablar. El ser humano se ha visto siempre con el dilema de la existencia de Dios. Incluso la pregunta de ¿eres creyente? es bastante común a día de hoy, y suele ser de las primeras que salen cuando uno tiene el raro privilegio de establecer un diálogo un poco profundo.

Abundan los argumentos razonables, tanto a favor como en contra, de la existencia del ente sobrenatural y, sin embargo, no hemos sido capaces de llegar a ningún consenso, después de varios milenios de cuestionarnos lo mismo. ¿Por qué? Porqué nos hemos saltado el paso previo. Y es que antes de indagar sobre la existencia de Dios, tenemos que investigar si el hecho de que yo crea o no en Dios va a afectar a mi conducta. Es decir, primero tenemos que preguntarnos ¿para qué sirve que yo crea o no en Dios? ¿cómo va a influenciar mis palabras, pensamientos y acciones el que adopte uno u otro lado del dilema divino? Y la respuesta, por lo menos para mí, es que es totalmente irrelevante.

Repasemos las funciones que he enumerado antes:
1) Explicar lo que se ignora: invocar a la divinidad para lo que, en apariencia, no es inteligible tan solo satisface a un intelecto pueril. Decir que el universo lo creó Dios no soluciona nada ya que, entonces, ¿quién fabricó al Señor? La filosofía y la ciencia nos han dado herramientas apropiadas para tratar estos asuntos.
2) Código de conducta moral: si alguien necesita creer en Dios para no ir por la calle matando a gente, más vale que lo enchironen de por vida, no sea que vaya a perder la fe un día de estos. La ética en una persona adulta no necesita pensar que puede recibir castigo divino para actuar de manera legítima.
3) Miedo a la muerte: el ser humano es miedoso. Sólo los los más avanzados, aquellos capaces de trascender sobre la individualidad del ego logran combatir el miedo. En cambio, afrontar nuestros miedos y lograr trascender esa individualidad debe ser el objetivo de cualquiera que aspire a un destino medianamente elevado para si mismo.

Finalmente, apuntar que, aunque creer o no en Dios pueda ser algo irrelevante, no lo son los textos sagrados que tenemos. Por citar uno cercano a nosotros, las enseñanzas que de Jesús nos deja la Biblia son una gran fuente de sabiduría, y su ejemplo debería ser seguido por todos. Ya que, si Jesús es el hijo de Dios, también lo somos todos nosotros.