
Cuando yo hablo con alguien, las creencias preconcebidas de mi mente se interponen en mi libre construcción de oraciones e impiden que sea yo el que realmente está hablando contigo. De manera que la memoria condiciona mis ideas hasta el extremo de anular la esencia de quien yo soy y mi capacidad de relacionarme. Así, es la memoria quien causa problemas en las relaciones que desembocan en guerras. Por lo menos eso es lo que expone, entre muchos temas interesantes, Krishnamurti en su "La relación y el apego".
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